APARICIONES EN UN PANEL DE COMPUTADOR
I Poeta atrapando una muchacha
Tu rostro agresivamente sereno
gruñe ahora en la tarde y caminas
por estas calles, altivo y sereno, bello como un abedul.
Tus ojos son machetes que arrasan a la podredumbre que odias.
Tus pasos patean a lo que se opone a tu rumbo.
Desde un lugar perdido en el parque observas derrumbarse un atardecer en la ciudad. Todo
-cielo enrojecido tras moles verduzcas- te es atractivo
y vuelas, una muchacha como dulce acordeón en tus manos
se desliza en la yerba y ahora
ella te escucha y se desnuda –lecho de yerba- para ser amada por un leopardo.
II El instinto aún se entromete
Todo cuerpo enloquece bajo la mano que dibuja su más secreta verdad:
la mente se rebela contra su corazón, el instinto
aún se entromete como el buen gusto en el computador que programo.
Páginas, mariposas, azucenas son el cuerpo que permanece.
¿El cuerpo que ama no se metamorfosea en la mariposa que unas manos atrapan?
Una muchacha se escapa del lienzo donde Chagall me plasmó como un ángel tocando un dulce laúd
y se encuentra conmigo sobre la banca de un parque. Su belleza será este poema. Su inteligencia
un florero como un ángel que vuela escondido en sus ojos.
Sus labios son mi fruta, su cuerpo
una mariposa que vuela detrás del vidrio de mi computador.
Si la lógica no se pareciera a la vida que cambia entonces
sabríamos que:
a) la mariposa de tu cuerpo es una falacia,
b) tus pechos como fruta una inducción incoherente,
c) el ángel que alumbra tus ojos una proposición tan poco lógica como el slip de un verano al que desnudas.
Sin embargo una lógica no es tan incomprensible como la vida.
Tu cuerpo que atrapo como a una mariposa en mis manos es un trago de gin.
Suena ahora Alban Berg en la radio pero yo prefiero no colgar el teléfono para no perder tu voz.
Tengo a Chagall en un libro pero mi laúd
me hace pensar en tu cuerpo. Una mente irreal
como un cuadro inexistente es tristeza ligeramente sombría:
tu cuerpo es tan real como el poema que te sueña
pero no esta época perdida como un desperdicio donde un delicado rasguño en tus muslos
es toda esta angustia – el poema como garra asiéndote por la cintura – y esta belleza, muchacha lentamente
atrapada como una mariposa que yo me atrevía a soltar en un panel.
III Aparece ahora el Paraíso
Haber abandonado a la soledad no es tan absurdo como no haber desconocido a tu presente.
Abrir a Stendhal recuerda días enloquecidamente felices, amores perdidos
tras el velo de manicomios olvidados.
Haber abandonado la soledad para encontrarse con una mujer imaginada como un Paraíso
fue locura
pero no pérdida alguna de lucidez. No aparece aún el Paraíso
pero en un bar se encuentra al innoble perdido y sus ojos tristes después
de perderse en el primer bar donde se descubre parecido al tema buscado – la biografía
de los sueños deshechos en su propia biografía-
no son flores que pudieras cultivar deliciosamente.
Rebelarse contra este tiempo es complejo,
la eternidad son principios inconmovibles.
El puesto de punta de lanza izquierdo podrá ser eterno
pero del jugador sólo nos quedan sus jugadas bajo el cielo.
Yashin, la araña negra. Mané Garrincha. Gallardo.
Flores pálidas como el recuerdo de un amor en el aula de la universidad.
Chagall está enloquecido como una flor, el tiempo
como este poema son geranios delicados pero en vez de geranios debiera destrozar a lo que me hiere.
Esa segunda persona ahora es una hipótesis desechable.
Una tercera persona acabará destruyendo a tu propio yo
incluso antes que el lector se ilumine a leer tu último verso.
Aquel hombre ha envejecido como su obra, su mundo
no se produce tan a menudo como sus hijos salen a estudiar a Vallejo en el colegio. Muere un pasado
apenas empieza su cotidiana borrachera, aparece ahora
el Paraíso en los ojos de la mujer que contemplo.
Sus ojos tienen flores y deseo, sus pezones son gotas de rocío en mis labios. “El tiempo nos destruye”
- dice aquel hombrecito-. Todo el tiempo se hacen cosas también: una época puede nacer con un poema
todo este mundo terminar con su incomprensión. 
Enrique Verástegui (Perú)
APARICIONES EN UN PANEL DE COMPUTADOR en Leonardo. 1988
marzo 11, 2008
APARICIONES EN UN PANEL DE COMPUTADOR - Enrique Verástegui
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